Gestión Cultural en Iberoamérica. Una historia de éxito. (y 2)

El balance de éxito de la gestión cultural en Iberoamérica se debe a una efectiva y adecuada práctica de cooperación cultural internacional. Tal y como abordé en mi anterior entrada en este blog.

Ya escribí sobre esto en 2009 en un artículo en la revista Pensamiento Iberoamericano.

En este momento y en reconocimiento al papel que jugó la AECID y la OEI, que celebran respectivamente 30 y 70 años, es justo y de agradecidos aportar un conjunto de reflexiones para su consideración.

Siempre he mantenido que la cultura proporciona nuevas visiones y valores a la cooperación internacional, ya que parte de unos supuestos diferentes de la ayuda tradicional al desarrollo. A continuación, voy a aplicar algunos de estos principios al caso de la evolución de la gestión cultural en Iberoamérica.

  1. Las culturas no cooperan o no dialogan como dice Rafael Argullol[1], quien dialoga o coopera son sus interlocutores, sean individuos, comunidades, sociedades o las institucionalidades culturales de diferentes países que no siempre coinciden con las culturas. Esta cooperación, desde la perspectiva de la cultura y sus expresividades, se realiza desde la aceptación del otro en igualdad. Toda expresión cultural tiene valor en sí misma y también su aceptación por parte del receptor que vive la expresividad del otro como una posibilidad de enriquecimiento de sus propios valores estéticos. Es decir, la cooperación cultural se realiza sin jerarquías ni consideraciones cada uno expone lo que es, o dispone, en la mesa del intercambio.
  2. La cooperación, en el ámbito de la gestión cultural, se cimienta en un objetivo fundamental; la acción conjunta para la generación de capacidades, de acuerdo con el concepto de desarrollo humano que nos propone Amartya Sen. Estas capacidades, objeto de la cooperación, no se localizan en un solo lado de la mesa o del proyecto, cada uno participa aportando sus experiencias, saberes y capacidades para ofrecer un amplio nivel de oportunidades para que cada actor pueda adaptar o contextualizarlas a su propia realidad.
  3. La cooperación cultural en el espacio iberoamericano en el campo de la gestión cultural se articula a diferentes niveles; desde lo personal, comunitario, local, gubernamental o académico. Todos estos niveles interactúan desde la experiencia práctica y el conocimiento disponible, desde posiciones teóricas o conceptuales o la vivencia de la situación de su propia realidad cultural. Esta combinación se conforma perfectamente con el campo profesional de la gestión cultural que no consideramos como una disciplina, sino como una praxis dinámica entre teoría y acción con la participación de diferentes aportes teóricos muy amplios.
  4. En la práctica esta cooperación cultural iberoamericana se caracteriza por una multitud de intercambios, a partir del contraste y comparación de formas de actuar, elementos de análisis y fundamentaciones de proyectos o políticas culturales. Podemos entenderlo como un amplio proceso de comunicación, donde las emisiones y recepciones se orientan desde diferentes bandas y posiciones, donde no hay un centro específico o un liderazgo unilateral. En este proceso los saberes y experiencias proceden de fuentes diversas y de los heterogéneos parajes del proyecto cooperador.
  5. Sabemos que es difícil generar el desarrollo cultural externamente y que requiere de una alta participación de los propios agentes culturales para que este desarrollo sea eficaz y sostenible. Por esta razón la cooperación cultural iberoamericana en el campo de la gestión cultural se basa en la autonomía y la apropiación. Es decir, en el convencimiento que la autonomía de cada realidad para interpretar y contextualizar sus problemas y sus soluciones son el camino más eficiente para incidir realmente en el cambio y en el desarrollo.
  6. La cooperación cultural internacional emerge como una necesidad para superar el aislamiento de las realidades culturales y una lucha contra la endogamia y la anomia cultural. La cultura y sus actores buscan en la cooperación un diálogo con ajenos entornos y una confrontación de su identidad entre diferentes. Reconocer al otro es un paso importante para salir de los entornos cerrados y reafirmar identidades culturales contrastadas. En este sentido la consolidación de la gestión cultural requiere de esfuerzos de cotejo y diálogo con los demás, donde la eficacia de la cooperación desde agencias e instituciones multilaterales ha permitido avanzar en este ámbito.  De la misma forma la cooperación horizontal a nivel regional o local se ha convertido en un elemento muy importante para la consolidación de una forma de gestionar la cultura en el espacio iberoamericano.

En mi perspectiva aprecio estos valores y principios, en este breve ejercicio de reflexión, que nos permiten evidenciar los impactos y resultados de la cooperación. Y un deseo, propuesta o reclamación a las instituciones que actúan en el espacio iberoamericano para que no olviden que en la generación compartida de capacidades en la gestión de la cultura nos jugamos el futuro.

Alfons Martinell

PD: Un recuerdo para todos los participantes, alumnos, profesores, conferenciantes, responsables que han participado en esta nube de encuentros, talleres, curso, etc…. que han configurado esta experiencia iberoamericana.

[1] Rafael Argullol – Vidya Nivas Mishra: Del Ganges al Mediterráneo. Un diálogo entre culturas de India y Europa, 2004, Ediciones Siruela, Madrid

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