PENSANDO EN LA RECONSTRUCCIÓN. LOS EFECTOS DE LA PANDEMIA EN LA CULTURA

Desde el confinamiento: Notas para la recuperación 3

Reflexionar sobre cómo afecta la crisis del Covid19 a la cultura y a la gestión cultural requiere de un análisis riguroso que en estos momentos aún no disponemos de suficientes elementos para emitir una valoración general. Pero estos tiempos nos han mostrado facetas desconocidas de nuestras vidas culturales que requieren análisis y reflexión y un ineludible planteamiento crítico. A pesar de que llevamos mucho tiempo hablando de globalización, la pandemia nos ha presentado una problemática, que por su extensión ha afectado a todas las sociedades por igual y las soluciones han de buscarse globalmente por medio de la cooperación internacional. De la misma forma se han evidenciado nuevas desigualdades a las existentes.

Sin la pretensión de agotar el tema nos atrevemos a formular y proponer algunas consideraciones al debate. Avanzamos a partir de pequeñas aportaciones que pueden ayudar a configurar un estado de opinión.

Hemos observado como las Políticas Culturales vigentes no han demostrado capacidad de reacción, como requería la situación que están viviendo la ciudadanía y todo el sector cultural. Ya hace tiempo que desde diferentes instancias se denunciaba la inadecuación de las Políticas Culturales a la realidad contemporánea y que permanecían en una realidad atrapada por el mantenimiento de estructuras anacrónicas muy burocratizadas y por su propia dificultad de adaptarse a la actualidad. Presunción que en parte se ha confirmado cuando observamos una institucionalidad cultural poco adaptada a una respuesta rápida a estas nuevas necesidades y problemas, que reclaman una reflexión crítica y la asunción de responsabilidades. La cultura no se ha definido como esencial para los gobiernos, pero si para la ciudadanía, que se ha organizado para satisfacer sus necesidades culturales de acuerdo con todas las posibilidades de su entorno. Este hecho evidencia un cierto fracaso de las políticas culturales que requerirán de reflexiones críticas importantes ante los retos de futuro.

En este contexto se distingue la urgencia de un proceso de reformulación de las Políticas Culturales sobre la base de diferentes factores. Para empezar, es urgente un cambio profundo en su fundamentación, de unas políticas de oferta a entender la cultura como un derecho dentro de los derechos fundamentales, es decir, como un servicio esencial. Para ello será necesario un nuevo “contrato social” para la cultura, donde se sitúe el papel del Estado y de los agentes culturales, de acuerdo con el respeto a la diversidad y la libertad cultural. Entender la cultura como un servicio básico o esencial con el establecimiento de unos servicios mínimos culturales para la población con un aporte presupuestario estable del Estado. Quizás es el momento de provocar una crisis controlada de la institucionalidad cultural y de los modelos de políticas culturales a escala local, nacional e internacional. Aprovechar el momento para afrontar una “deconstrucción” de formas y principios tradicionales (o clásicos) para adecuarse a la realidad, con esfuerzos por una lectura de la contemporaneidad más real y directa. Imprescindible para aproximarnos a la vida cultural de nuestras sociedades y el compromiso de prospectiva para garantizar un futuro sostenible para la cultura.

A pesar del vacío institucional y los efectos de la pandemia requiriendo confinamiento y limitación en las actividades sociales, la vida cultural sigue y manifiesta su vigor con emergencia de nuevas perspectivas. Este concepto de vida cultural que es la base de los derechos culturales en la Declaración Universal de 1948 y los DESC de 1966 adquiere sentido en este contexto para proceder a un ejercicio de diferenciación entre vida cultural, sector cultural y sistema cultural que nos puede ayudar a entender las posibles salidas

¿Cómo afecta a la vida cultural?

A pesar de las circunstancias y entornos para las personas la vida cultural sigue como espacios para la expresividad y la satisfacción de las necesidades culturales. Como lo hemos observado en diferentes momentos históricos y situaciones personales especiales. Durante esta pandemia nos hemos visto obligados a incrementar nuestra vida cultural privada o doméstica, alterando nuestras cotidianidades y cambiando las prácticas culturales para adaptarse al nuevo contexto.

Podemos extraer algunas deducciones, en primer lugar, el papel que ha adquirido internet y la provisión de contenidos culturales digitales que han entrado en nuestros hogares en diferentes formas iniciando una nueva tendencia a tener en cuenta. En segundo lugar, estas manifestaciones privadas en la vida cultural han encontrado sus propios límites emergiendo la necesidad (o el anhelo) de expresiones compartidas desde balcones, terrazas, bloques, etc. orientadas hacia el espacio público buscando el otro. Revelando que los humanos para satisfacer sus necesidades culturales exhortan la colectividad para participar y compartir la vida cultural. Las manifestaciones a favor de la apertura de los equipamientos culturales y la rápida reacción de sus gestores han presentado una voluntad inequívoca que lo digital no va a sustituir lo colectivo, la presencialidad y la expresión en directo, aumentando el deseo a las actividades culturales en nuestras comunidades.

Finalmente, hemos de destacar la irrupción de una nueva brecha cultural a las tradicionales de acceso a la cultura con la importancia del acceso a internet y la conectabilidad para sectores de población, barrios y territorios. Unida a los factores habituales de disposición de equipamiento cultural en los hogares con las características de la vivienda, etc. Un conjunto de elemento que se unen a la necesaria reflexión sobre la incidencia de estos factores en la pobreza cultural en el ejercicio de los derechos culturales

La crisis en el sector cultural

Lo que conocemos como sector cultural está viviendo una gran crisis por la caída de la demanda y la dificultad de mantener una oferta de acuerdo con los escenarios tradicionales. La estructura socio económica de la producción, los bienes y servicios culturales se hunden en esta crisis y manifiesta su fragilidad. La precarización de los empleos culturales y de la actividad artística y creativa ha evidenciado los problemas orgánicos de un sector que aporta casi el 4% del PIB en España, pero que mantiene funcionamientos internos muy débiles y poco adaptados al cambio y a la innovación.

Las nuevas experiencias de virtualidad aún no generan el flujo económico para el mantenimiento del sector cultural que requerirá adaptación e integración apresurada. Solo algunos ámbitos subsisten y reclaman ayudas a los gobiernos y atisban un cambio importante a corto plazo. El sector cultural evidencia muchas de sus contradicciones que desde hace años se podían prever, le falta adecuación a la nueva realidad, principalmente por la atomización de sus subsectores que son incapaces de presentarse como un bloque y cada uno plantea sus reivindicaciones sin atenerse al conjunto. La capacidad de adaptación a la nueva situación ha sido evidente con los cambios en las formas y con la oferta de una imagen de que la cultura es segura o la rapidez para plantear nuevos formatos en los servicios culturales como el streaming o las ofertas digitales en línea. El valioso aporte del sector cultural al desarrollo se está destruyendo sin perspectiva de recuperación a corto plazo.

El sistema cultural

Esta crisis ha evidenciado que muchos problemas no pueden abordarse solamente desde una perspectiva local-nacional ni desde una lectura departamental o disciplinar. Nos encontramos en un contexto donde la respuesta a ciertas necesidades o problemas requiere lecturas amplias dentro de la complejidad y la interdependencia.

Por esta razón se presenta como ineludible un transitar hacia una concepción sistémica (o eco sistémica) de la cultura en nuestras sociedades, diferenciar la vida cultural de las ciudadanías y el sector cultural como realidad socioeconómica. Entendiendo como sistema cultural un gran número de componentes o elementos que se relacionan permanentemente entre sí de forma dinámica en constante interdependencia. Algunos de estos componentes (o ámbitos) son conocidos o tradicionales de los modelos clásicos de entender la cultura en la sociedad actual (artes, patrimonio, música, teatro, lectura pública, etc.). A estos se le han de adicionar otros que, a lectura de la visión sistémica, inciden, condicionan e interactúan como la comunicación, la movilidad, el hábitat y urbanismo, la seguridad, el acceso a conexión, el clima, la educación, el medioambiente, la salud, etc. Interacciones y dependencias cada vez más evidentes que solo encuentran eficacia en la complementariedad y en la generación de sinergias hacia la sostenibilidad.

Entender la cultura como sistema predispone salir de las definiciones teóricas o disciplinares para realizar una lectura más real a la situación en nuestros contextos sociales. Aceptando que lo que denominamos cultura no es un departamento más o menos definido en la institucionalidad cultural de todo tipo. Sino un conjunto de intervenciones, relaciones e interdependencias entre diferentes elementos, para satisfacer las necesidades culturales de las personas, grupos o comunidades se requiere de un amplio abanico de posibilidades en un marco de libertad cultural, lo cual implica que cada persona define sus necesidades culturales individualmente o a veces colectivamente.

Finalmente, me aventuro a presentar algunas reflexiones finales en clave de posibles propuestas

  • Necesidad imperiosa de crear un estado de opinión amplio y político sobre los aportes de la cultura en general al desarrollo sostenible, a la convivencia y a la cohesión social. Y principalmente su contribución a los procesos de recuperación y reconstrucción general a los efectos de esta crisis.
  • Una visión sistémica (o eco sistémica) de la cultura, demanda de algunas preguntas ¿De quién es responsabilidad el sistema cultural en nuestras sociedades? Una pregunta necesaria ante la falta de respuesta evidente. ¿Cómo se ha el modelo de gobernanza del sistema cultural?
  • Imperiosa necesidad de situar los derechos culturales en el centro de las propuestas de reconstrucción. De los derechos culturales retóricos a los garantizados. ¿Cómo hemos de construir un nuevo contrato social para la cultura?  Hacia la definición de servicios culturales mínimos en nuestras sociedades.
  • En el contexto actual se acentúa e incrementa una brecha cultural en nuestras ciudadanías. Se presenta como imprescindible una acción más enérgica de la cultura ante las desigualdades y la lucha contra diferentes formas de pobreza, entre ellas, no olvidemos, la cultural que también existe.
  • Sería oportuno que la situación actual provocara una verdadera crisis de la institucionalidad cultural. Reconstruir o construir de nuevo sobre la base de la experiencia acumulada y de la realidad contemporánea.
  • Podría ser el momento de revisar los principios y proponer una nueva ética y valores para las relaciones entre el sistema cultural y los otros sistemas sociales, principalmente con el planeta.
  • Una nueva relación entre lo local y lo global. Prevención y lucha contra los nacionalismos excluyentes que van a utilizar la cultura como vehículo de enfrentamiento.
  • Prevención de los efectos de la crisis en la reducción de los compromisos en la solidaridad internacional y en la agenda 2030 y los ODS. Posible abandono de la cooperación internacional para el desarrollo y los efectos en muchos países y regiones del mundo que requieren apoyo y fraternidad para sobrevivir.

Una oportunidad de renovar en los tiempos de reconstrucción que se avecinan.

Escrito sobre la base de la conferencia : “Repensar las políticas públicas y su relación con la gestión cultural, la cooperación y el desarrollo en tiempos de pandemia” en el Centro Cultural de España El Salvador. El 19 de octubre de 2020 en el marco del seminario Intersecciones Vol 2. Repensar desde El Salvador las relaciones entre cultura y desarrollo en tiempos de pandemia.

Gestión Cultural en Iberoamérica. Una historia de éxito. (y 2)

El balance de éxito de la gestión cultural en Iberoamérica se debe a una efectiva y adecuada práctica de cooperación cultural internacional. Tal y como abordé en mi anterior entrada en este blog.

Ya escribí sobre esto en 2009 en un artículo en la revista Pensamiento Iberoamericano.

En este momento y en reconocimiento al papel que jugó la AECID y la OEI, que celebran respectivamente 30 y 70 años, es justo y de agradecidos aportar un conjunto de reflexiones para su consideración.

Siempre he mantenido que la cultura proporciona nuevas visiones y valores a la cooperación internacional, ya que parte de unos supuestos diferentes de la ayuda tradicional al desarrollo. A continuación, voy a aplicar algunos de estos principios al caso de la evolución de la gestión cultural en Iberoamérica.

  1. Las culturas no cooperan o no dialogan como dice Rafael Argullol[1], quien dialoga o coopera son sus interlocutores, sean individuos, comunidades, sociedades o las institucionalidades culturales de diferentes países que no siempre coinciden con las culturas. Esta cooperación, desde la perspectiva de la cultura y sus expresividades, se realiza desde la aceptación del otro en igualdad. Toda expresión cultural tiene valor en sí misma y también su aceptación por parte del receptor que vive la expresividad del otro como una posibilidad de enriquecimiento de sus propios valores estéticos. Es decir, la cooperación cultural se realiza sin jerarquías ni consideraciones cada uno expone lo que es, o dispone, en la mesa del intercambio.
  2. La cooperación, en el ámbito de la gestión cultural, se cimienta en un objetivo fundamental; la acción conjunta para la generación de capacidades, de acuerdo con el concepto de desarrollo humano que nos propone Amartya Sen. Estas capacidades, objeto de la cooperación, no se localizan en un solo lado de la mesa o del proyecto, cada uno participa aportando sus experiencias, saberes y capacidades para ofrecer un amplio nivel de oportunidades para que cada actor pueda adaptar o contextualizarlas a su propia realidad.
  3. La cooperación cultural en el espacio iberoamericano en el campo de la gestión cultural se articula a diferentes niveles; desde lo personal, comunitario, local, gubernamental o académico. Todos estos niveles interactúan desde la experiencia práctica y el conocimiento disponible, desde posiciones teóricas o conceptuales o la vivencia de la situación de su propia realidad cultural. Esta combinación se conforma perfectamente con el campo profesional de la gestión cultural que no consideramos como una disciplina, sino como una praxis dinámica entre teoría y acción con la participación de diferentes aportes teóricos muy amplios.
  4. En la práctica esta cooperación cultural iberoamericana se caracteriza por una multitud de intercambios, a partir del contraste y comparación de formas de actuar, elementos de análisis y fundamentaciones de proyectos o políticas culturales. Podemos entenderlo como un amplio proceso de comunicación, donde las emisiones y recepciones se orientan desde diferentes bandas y posiciones, donde no hay un centro específico o un liderazgo unilateral. En este proceso los saberes y experiencias proceden de fuentes diversas y de los heterogéneos parajes del proyecto cooperador.
  5. Sabemos que es difícil generar el desarrollo cultural externamente y que requiere de una alta participación de los propios agentes culturales para que este desarrollo sea eficaz y sostenible. Por esta razón la cooperación cultural iberoamericana en el campo de la gestión cultural se basa en la autonomía y la apropiación. Es decir, en el convencimiento que la autonomía de cada realidad para interpretar y contextualizar sus problemas y sus soluciones son el camino más eficiente para incidir realmente en el cambio y en el desarrollo.
  6. La cooperación cultural internacional emerge como una necesidad para superar el aislamiento de las realidades culturales y una lucha contra la endogamia y la anomia cultural. La cultura y sus actores buscan en la cooperación un diálogo con ajenos entornos y una confrontación de su identidad entre diferentes. Reconocer al otro es un paso importante para salir de los entornos cerrados y reafirmar identidades culturales contrastadas. En este sentido la consolidación de la gestión cultural requiere de esfuerzos de cotejo y diálogo con los demás, donde la eficacia de la cooperación desde agencias e instituciones multilaterales ha permitido avanzar en este ámbito.  De la misma forma la cooperación horizontal a nivel regional o local se ha convertido en un elemento muy importante para la consolidación de una forma de gestionar la cultura en el espacio iberoamericano.

En mi perspectiva aprecio estos valores y principios, en este breve ejercicio de reflexión, que nos permiten evidenciar los impactos y resultados de la cooperación. Y un deseo, propuesta o reclamación a las instituciones que actúan en el espacio iberoamericano para que no olviden que en la generación compartida de capacidades en la gestión de la cultura nos jugamos el futuro.

Alfons Martinell

PD: Un recuerdo para todos los participantes, alumnos, profesores, conferenciantes, responsables que han participado en esta nube de encuentros, talleres, curso, etc…. que han configurado esta experiencia iberoamericana.

[1] Rafael Argullol – Vidya Nivas Mishra: Del Ganges al Mediterráneo. Un diálogo entre culturas de India y Europa, 2004, Ediciones Siruela, Madrid

Gestión Cultural en Iberoamérica. Una historia de éxito. (1)

Encuentro Gestión Cultural Iberoamericana organizado por OEI el27/09/2019

Diferentes acontecimientos me han sugerido presentar estas reflexiones. Los treinta años del inicio del master en Gestión Cultural de la Universidad de Barcelona, los 70 años de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) y los 25 años de la Fundación Interarts, entre otros. .

Todo ello me sugiere presentar un leve balance de la Gestión Cultural en la Iberoamérica contemporánea que entiendo como una historia de éxito de la cooperación cultural continental e internacional.

En un periodo iniciado en la década de los noventa del pasado siglo se han producido cambios evidentes en los diferentes contextos. En estos 15 – 20 años se han generado procesos desiguales y particulares, pero con un denominador común la incidencia directa en la evolución de la práctica, estudio e investigación sobre la gestión de la cultura en las sociedades iberoamericanas.

Es justo reconocer el protagonismo de la OEI con los Talleres de Administración y Gestión Cultural en 1997 con el apoyo de la AECI y más tarde la incorporación de la Fundación Interarts con una amplia experiencia en cooperación internacional. Esta colaboración continuó más tarde con los Campus Euroamericano de Cooperación Cultural (que se iniciaron en el año 2000 Barcelona (España) y seguirán por diferentes países hasta 2012.  Verdaderos espacios de cooperación y trabajo en red donde se fraguaron proyectos, intercambios, transferencias e innumerables disertaciones y ediciones. De la misma manera que se crearon alianzas institucionales y empresariales, pero quizás lo más importante fue las reciprocidades personales y las necesarias complicidades para asumir verdaderos proyectos de cooperación cultural internacional

En este periodo, profesionales latinoamericanos se forman en los diferentes programas formativos en gestión cultural en las universidades españolas y docentes circulan en una gran movilidad horizontal entre todos los territorios iberoamericanos. Fruto de la necesidad de articular un modelo de formación propio se crea en 2001 la Red Iberformat que va a ayudar a consolidar las ofertas en países latinoamericanos y vigorizar nuevas iniciativas locales que han llegado a casi todos los países de la comunidad iberoamericana. Este trabajo se observa en la consolidada oferta de formación en Gestión Cultural actual en la mayoría de países latinoamericanos con procesos propios

Por otro lado, se crearon de nuevos los programas Ibero de la Secretaria de las Cumbres Iberoamericanas (SEGIB) Programas Ibero que se inician en 1995 con Ibermedia los cuales se ampliaran y más tarde se aprobará la Carta Cultural Iberoamericana

Estas evidencias son el resultado de unas prácticas de cooperación en base a la aceptación de una influencia mutua, un proceso que va desde la ayuda a la colaboración para llegar a la coproducción. Complicidades para mejorar la gestión cultural en nuestras realidades abiertas a otros escenarios. (continuará)

Interarts

Un grupo de personas nos hemos reunido en Interarts (Barcelona) convocados por el equipo actual para presentarnos su plan estratégico de futuro. Ahora se cumplen casi 25 años desde su creación y nos han planteado sus anhelos de futuro. He de confesar que a mí me ha dominado más la nostalgia y el pasado que el provenir de la fundación.

He rememorado, cuando contra viento y marea, constituimos Interarts en el año 94-95 con Eduard Delgado al frente entre algunas dificultades institucionales. Creamos el primer Observatorio Interarts de Políticas Culturales Urbanas y Regionales a partir de los aportes de su trabajo en el Consejo de Europa (1992-94)

Primer logo

Muy poca gente valoró la propuesta y las instituciones recelaron de una iniciativa surgida de unos gestores culturales que, con experiencia en las políticas culturales locales, querían reflexionar, investigar y plantearse la cooperación europea e internacional.

Primer folleto de Interarts

Interarts representó en estos años lo que ahora se llama «think tank», laboratorio de ideas, o estudio de prospectivas y futuros. Mucha gente nos ayudó y encontramos una gran aceptación por parte de profesionales, creadores y algunas instituciones culturales.

No voy a relatar o describir que hizo Interarts, solo me gustaría aportar un valor de este proyecto que creo que puede ayudar a interpretar la realidad actual.

Interarts fomentaba y creía en la «Complicidad», entendida como un valor de compartir el saber y la experiencia. Complicidad en ideas y creencias sin la voluntad de ideología dominante o dogma. Complicidad en reconocer que la diversidad es necesaria para abordar la gestión de la cultura.

Complicidad como un compromiso esencial para la generación de proyectos de cooperación internacional. Complicidad como reconocimiento del “otro”, del socio o de la contraparte. Complicidad intelectual, o mejor en experimentar procesos intelectuales, donde la acción – formación y transferencia estaban unidos en la inexistencia de jerarquías extrañas (políticas, académicas, etc…)

Pero no puedo olvidar que Interarts fue un proyecto personal y vital muy importante para mi trayectoria. También tengo un recuerdo con dolor y tristeza, por las pérdidas; la de mi amigo cofundador Eduard Delgado (2004) y más recientemente de Eduard Miralles (2018) noble heredero, dos personas importantes en este proyecto, a quien hemos de agradecer mucho. En 2004 renuncié a la presidencia para asumir otras responsabilidades incompatibles, ahora 15 años después, constato la importancia de la continuidad en el frágil campo de la gestión de la cultura.

Y deseo todo lo mejor para la nueva etapa

Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Al hacer clic en el botón Aceptar, aceptas el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Ver
Privacidad