Hemos perdido a Eduard Miralles

El pasado mes de agosto de 2018 nos dejó repentinamente, y antes de tiempo, Eduard Miralles Ventimilla un gran profesional de la gestión cultural. La Fundación Interarts nos convocó el pasado 29 de noviembre para recodar, reconocer u homenajearlo en el espacio del CERC (Centre d’Estudis y Recursos Culturals) de la Diputación de Barcelona. En este edifico lleno de simbolismo para el mundo de la cultura y para la formación de gestores culturales nos agrupamos un colectivo de personas diversas que nos unía una relación con Eduard. Este espacio lleno de historia que ha cabalgado desde la “Casa de Caritat” de Barcelona a una manzana cultural que la democracia nos recuperó como signo de civilidad.
Allí fuimos para ejercer memoria, la historia la dejaremos para otros momentos, fuimos a situar vivencias e intercambios alrededor de su figura en sus vertientes de formador, gestor en el ámbito local y en la cooperación internacional.
No podemos homenajear a un gestor cultural sin referirnos a sus cualidades personales, esta es una función que reclama implicación, donde lo individual complementa lo profesional. Eduard tenía una formación lingüística, estructural y ordenada que le caracterizaba con una pasión por la cultura, la ciencia y el saber en general. Disponía de una gran memoria que quizás le provenía de su formación artística como intérprete de piano, lo cual combinaba muy bien con su pasión por la música tradicional catalana. Hemos de recordar su implicación en todo el proceso de recuperación de instrumentos antiguos, como la “Gralla”, este modesto y sonoro instrumento tan significativo en el folklore catalán.
Eduard fue un formador riguroso en el lenguaje y la forma, debido a sus estudios universitarios y por una capacidad políglota remarcable, pero también por su habilidad intelectual para identificar y precisar la polisemia de las palabras y los conceptos. Por esta razón su aporte fue muy importante cuando iniciamos la formación en el campo de la gestión cultural, donde era necesario conceptualizar las experiencias de los primeros años de la democracia dominados por el activismo y la práctica más que por procesos de reflexión. Su capacidad de ralentizar el ritmo, reflexionar y distinguir lo que estábamos realizando fue una contribución remarcable para conseguir un modelo propio de gestión cultural de la España contemporánea. También destacaría su sentido crítico sobre la experiencia / práctica, a partir del conocimiento disponible, con una capacidad dialéctica entre razonamientos, posiciones ideológicas y significados. Y muy especialmente en la confrontación entre lo que parece evidente de un mensaje político desde el poder y las bases intelectuales que sustentan la acción cultural. Las cuales no funcionan por lógica de la autoridad sino se caracterizan por su dinámica propia donde la subjetividad y la creación artística tienen sus propios mecanismos. En síntesis, opinión y posición crítica como compromiso intelectual para un bienestar colectivo, tan poco habitual en estos momentos.
En este Pati Manning, en este CERC, ligado a su persona, y otras, es donde se constituyó un territorio de ideas, de confrontación, de pluralidad que permitió crear las bases conceptuales de las políticas culturales locales en Catalunya, España y otros países. Y a la sensibilización para la construcción profesional de lo que hoy entendemos como gestión de la cultura o profesiones del sector cultural. Gradualmente Eduard se convirtió en un referente que se puede comprobar por la repercusión de su desenlace.
Lo vamos a extrañar, las reuniones y los debates no van a ser lo mismo sin sus aportes. Pero siempre lo recordaremos por su generosidad.

Con Eduard Miralles y Eduard Delgado dos grandes compañeros de viaje

Actualizar la Cooperación Cultural Internacional

En el Informe sobre el Estado de la Cultura en España de 2014 de la Fundación Alternativas propusé como conclusión de mi artículo el siguiente texto:

“”A pesar de estas evoluciones España no dispone de un modelo claro de las políticas culturales en el exterior de acuerdo con la importancia del tema y el desarrollo de un marco constitucional integrador de los diferentes niveles administrativos. Seguimos en la dispersión orgánica, competencial y finalidades de acuerdo con diferentes intereses en juego sin elementos de unión ni mecanismos de coordinación, complementariedad y concurrencia. De la misma forma no se percibe que los diferentes actores culturales puedan plantearse la cooperación cultural internacional como un amplio sistema de nuestras sociedades que articula e interacciona con múltiples actores y fines. Se detecta la necesidad de construcción de una visión amplia del tema que permita la permanencia de iniciativas varias respondiendo a intereses muy dispares. Por lo cual entendemos necesario platear un estudio o libro blanco de la cooperación cultural internacional que permitiera crear las bases para futuros pactos políticos de permanencia de la política cultural exterior a largo plazo y superando los vicisitudes fruto de los cambios de gobierno. Diferenciando la responsabilidad pública de los gobiernos y la voluntariedad de los otros agentes sociales. Considerando que una buena política crea condiciones y estímulos para la participación de actores de diferentes posiciones y especialidades al servicio de la diversidad cultural.
Por medio de los estudios sobre el sector cultural (cuenta satélite, estadísticas, presupuestos públicos, etc…) disponemos de conocimiento específico sobre una parte importante de los recursos económicos que moviliza estas acciones pero hay otra parte de la realidad de la cooperación cultural internacional que no está suficientemente identificada ni valorada. La cual va desde las acciones individuales y comunitarias a las empresas, fundaciones y organizaciones sin ánimo de lucro que trabajan e invierten en estos procesos y no forman parte de la agenda tradicional. Se puede apreciar que el mantenimiento de un nivel de actividades de cooperación se basa en procesos de inversión muy diferentes a los habituales pero es gracias a estos flujos económicos que se mantienen ciertas acciones. Lo cual evidencia que la cooperación cultural internacional no se nutre únicamente del presupuesto público sino que la mayoría de la inversión es privada y social.
La reducción de la presencia en los organismos multilaterales de la cultura tiene una repercusión negativa para la visibilidad de España como un país con compromisos internacionales y las posibilidades que expertos españoles participen en estas instituciones perdiendo posiciones que hasta ahora se habían alcanzado.
La reducción de la AOD en general de España a niveles tan bajos (0,15% del PIB) tiene repercusiones en la imagen externa de nuestra solidaridad y con los compromisos de la comunidad internacional para el desarrollo y la lucha contra la pobreza que nos sitúa por debajo de la media europea y como uno de los países más retrasados de la EU-15. Este hecho tiene una repercusión muy acentuada en el campo de Cultura y Desarrollo donde habíamos conseguido una posición histórica en el concierto de la cooperación al desarrollo mundial con elementos de innovación y apertura que el sistema de NNUU ha valorado significativamente.
La eficacia de una política cultural exterior no se puede valorar únicamente por la presencia de diferentes instituciones especializadas ( Institutos Cervantes, Centros Culturales, etc…) sino por el establecimiento de planes específicos para regiones geo-políticas y países que permitan establecer aquellas alianzas estratégicas que permitan una mejor colaboración recíproca, posibilidades de intercambios de agentes, sistemas de coproducción, etc… con tendencia a una respeto mutuo a la diversidad cultural y a la generación de relaciones de confianza y solidaridad.””

Cooperacion Cultural Internacional_FAlternativas2014

Quizás es el momento de abrir este debate ante la situación actual.

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